El parque natural del “Cañón del Río Lobos” es un paraje emblemático de Castilla y León. Mayormente ubicado en Soria, también se extiende por territorio burgalés. El recorrido completo del cañón implica unos 25 kilómetros (PR-SO-BU-65), aunque con poco desnivel; es prácticamente llano.
El agua y el río han ido tallando el cañón a base de desgastar la roca caliza sobre la que se asienta. El agua penetró la roca caliza, creando corrientes de agua interiores que luego fueron alcanzadas por la erosión propia del río. De ahí las formas tan características que tienen las paredes, con colores oxidados y cavidades excavadas en la fachada.
Llegamos a Ucero por la carretera SO-920, pero antes de bajar al aparcamiento paramos en el mirador de la Galiana para contemplar una amplia panorámica del cañón.
Nuestra ruta abarcó un tramo de unos 11 km. Partimos del aparcamiento de Valdecea, en Ucero, y caminamos hasta el puente de los Siete Ojos en San Leonardo de Yague. El itinerario no tiene pérdida posible. La senda, bien visible y señalada, se dirige hacia el noroeste sin solución de continuidad, siguiendo las orillas del río. Este se cruza en varias ocasiones, pero unas rocas grandes facilitan el paso.
Al cabo de un kilómetro de iniciar la ruta se llega a la ermita de San Bartolomé y a la Cueva Grande, o de San Bartolomé.
La ermita románica del siglo XIII presenta algunos rasgos de estilo gótico. Se la vincula a la orden del Temple, pero no está claro. Por lo visto, la ermita formaba parte de un antiguo cenobio templario.
La cueva, formada por la erosión del agua, presenta los techos ennegrecidos debido a la tinción de las fogatas que se han encendido en su interior. En realidad, son dos cuevas, la Mayor y la Menor, y ambas contienen grabados de la Edad de Bronce con motivos esquemáticos que representan formas triangulares y humanas.
El camino es una invitación constante a la contemplación de la naturaleza. Además de la belleza del roquedo, en las orillas se pueden contemplar chopos, sauces, álamos y alisos, y en el agua abundan los nenúfares y las eneas. También están presentes los pinos, las encinas y las sabinas. La fauna, muy variada, resulta más difícil de descubrir. En el río viven nutrias y truchas. Sí pudimos fotografiar alguna rana y tropezamos con una pareja de lagartijas en plena tarea reproductiva. El cielo del cañón y el roquedo permiten que una amplia variedad de aves tenga aquí su hábitat. Vimos una pareja de buitres leonados; delante de nosotros revolotearon el avión común y el avión roquero y, fijándonos un poco, distinguimos al roquero solitario y al rabilargo.
Al final, alcanzamos el área recreativa del puente de los Siete Ojos, donde habíamos dejado un coche.
DATOS
DISTANCIA: 11KM
DESNIVEL POSITIVO: 50 M

















































