CORNEJO-PEÑA ORICEDO-DESFILADERO DE LA HOZ-OJO DE LA DORMIDA-DESFILADERO DEL TREMA-CUEVA DE CORNEJO-CUEVA DE COVANERIA-


EUSKERA

 Esta ruta circular nos permite recorrer el Monte Oricedo en Cornejo y visitar lugares tan singulares como el Ojo de la Dormida, en Hornillalatorre, la cueva de Cornejo, el cañón de las diaclasas y la cueva de Covaneria.

Dejamos el coche en Cornejo (640 m), en la Merindad de Sotoscueva (Burgos), donde comienza la ruta. Cogimos la carretera BU-562 hacia Villarcayo. A unos 200 metros aparece el desvío de la PRC-BU-40 («Entre Desfiladeros»), señalizado con marcas blancas y amarillas, que nos introduce en el monte por la izquierda de la carretera. Entramos en una pista que asciende en dirección este, pero pronto alcanzamos un cruce. La PRC-BU-40 continúa hacia el este, mientras que nosotros tomamos el ramal que sube hacia el noreste hasta llegar al mirador de Oricedo (952 m), sobre el valle de Sotoscueva.



Todo el tramo recorrido se desarrolla por el bosque de encinas que cubre las laderas del monte Oricedo. Aunque el suelo es muy pedregoso, se avanza con comodidad, con una subida constante y suave. En horas de calor conviene evitar este tramo, ya que la piedra caliza reseca mucho el ambiente y lo hace sofocante.


La recompensa llega al contemplar desde el mirador el amplio valle de Sotoscueva y la cordillera de Somo-Guzmántara, situada justo enfrente, hacia el norte.

Para alcanzar el buzón de Oricedo (976 m) hay que seguir unos 200 metros hacia la izquierda (O), por una senda fácilmente visible, aunque algo incómoda debido a la vegetación, que a ratos se presenta muy cerrada.


Volvimos por el mismo camino de subida (S) hasta la cota de 850 metros. Aproximadamente en este punto hay un cruce donde tomamos el ramal que desciende hacia el sureste hasta conectar con la PRC-BU-40, muy cerca del desfiladero de la Hoz.

La entrada al desfiladero está señalizada con un gran panel informativo sobre la geología, la fauna y la flora de la zona. El desfiladero desciende por el barranco del arroyo de la Hoz, teniendo enfrente, de forma muy prominente, el monte Citorca.

El suelo está empedrado, lo que sugiere que en el pasado tuvo algún uso como vía de comunicación, al menos como camino de herradura. Sin embargo, en nuestra ruta queríamos visitar el Ojo de la Dormida.


Según se desciende (N), hay dos opciones:

1) Pocos metros después de iniciar el descenso por el desfiladero se aprecia una flecha roja dibujada en la pared. Señala una senda que sube muy pegada al farallón, llega hasta unas cavidades y, más arriba, alcanza el Ojo de la Dormida.

2) Más abajo de la flecha roja, un hito marca un desvío a la izquierda (NO). La senda, clara al principio, se desvanece entre la vegetación, aunque sigue siendo visible. Asciende con fuerza durante un tramo corto, más inclinado que el resto, y alcanza la pared a la altura de las cavidades.

He intentado informarme sobre estas formaciones (agujeros en la pared), pero no he encontrado nada concluyente. Varias fuentes coinciden en atribuirles un origen natural, debido a la erosión de la piedra caliza, combinado con una posterior intervención humana para adaptar los abrigos naturales a las necesidades de los lugareños. Se ha sugerido que pudieron utilizarse como puntos de vigilancia para controlar el paso por el desfiladero de la Hoz o como refugio para pastores y ganado.



Sin perder la orientación y siguiendo la senda, se llega al Ojo de la Dormida, un auténtico capricho de la naturaleza. La erosión ha vaciado, en un resalte de la pared, un enorme hueco que parece el ojo de un gigante. El paraje, enclavado entre los farallones del monte Oricedo y el desfiladero de la Hoz, invita a detenerse un rato para contemplarlo.

No obstante, quiero destacar que este tramo de acceso al Ojo de la Dormida no resulta sencillo. El terreno está muy inclinado, la vegetación cierra el camino en algún punto y las pequeñas piedras pueden provocar resbalones.

Descendimos por una senda (SE) que baja directamente al camino principal, sin volver a pasar por las cavidades. Pero insisto en lo dicho en el párrafo anterior: hay riesgo de resbalarse por lo inclinado del terreno y la abundancia de piedra suelta.

Llegamos a Hornillalatorre. Junto a la iglesia seguimos las indicaciones de la PRC-BU-40 y entramos en una pista que continúa circunvalando el monte Oricedo. En un punto del recorrido, al alcanzar el río Ulemas, hay que abandonar la pista por la izquierda para atravesar un prado y enlazar con otra que recorre una zona arbolada y desemboca en la carretera BU-562 de Cornejo, en el cañón del río Trema.


El río Trema ha erosionado las paredes del cañón en ambos lados de la carretera, formando fracturas verticales en la roca caliza: las diaclasas. El lugar también se conoce como el Desfiladero de las Diaclasas.

En el lado derecho, según la marcha, se encuentra la Cueva de Cornejo. Para visitarla (S), hay que bajar al cauce del río, normalmente seco, y pasar a la otra orilla, siguiendo las indicaciones que marcan el camino. Una pasarela de madera refuerza el recorrido y permite acceder a las cavidades calizas.

Continuamos unos metros hacia el sur, mientras subimos por una cuesta bastante inclinada. En la parte alta encontramos una bifurcación con una indicación, escrita en el suelo, hacia la «CUEVA», hacia el oeste. Atravesamos un prado y llegamos a un arbolado, donde una senda a la derecha nos bajó por la dolina en la que se ubica la Cueva de Covaneria.

En la entrada de la cueva se han hallado restos arqueológicos. Varias excavaciones han dado como resultado el hallazgo de restos humanos datados en la Edad del Bronce e incluso anteriores. Parece que, hace más de tres mil años, una de las cavidades situadas a la entrada de la cueva fue utilizada como lugar ritual de enterramiento.

Volvimos a la bifurcación, donde un gran hito nos marcó el camino de vuelta a Cornejo (S).

P.D. Las fotos que aparecen en el álbum de la marcha están sacadas en dos ocasiones, como se notará al observarlas.



DATOS

DISTANCIA: 14,5 KM

DESNIVEL POSITIVO: 550 M

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GARMO NEGRO DESDE LOS BAÑOS DE PANTICOSA (JULIO 2026)

 


EUSKERA

Se suele decir que el pico Garmo Negro es uno de los tresmiles más fáciles de subir. Es cierto que no implica ningún problema técnico, pero los 1400 metros de desnivel que hay que superar no son nada despreciables, ni lo son las pedreras por las que hay que avanzar. No cabe duda, estamos ante la alta montaña. Ni que decir tiene; si la empresa, la intentamos con las laderas cargadas de nieve.

Desde el refugio de la Casa de Piedra (1660 m) nos encaminamos hacia el oeste por las pistas que se acercan al barranco de Argualas. Un cartel que informa sobre la fauna local marca el inicio de la senda que sube, paralela al barranco, dibujando un pronunciado zigzag. Nada más empezar, pasamos al lado de un curioso edificio que cubre "la fuente de la laguna". 

Ganamos altura (O) con rapidez. En media hora superamos el pinar (Pinus sylvestris o pino albear) y alcanzamos la Mallata* baja (1920 m), un descampado que nos ofreció una imagen muy sugerente de nuestro objetivo, el Garmo Negro**, y de las cimas que le acompañan: Argualas, Algas y Aguja de Pondiellos .... y del recorrido que todavía nos quedaba.

La senda es muy evidente. El recorrido se dirige hacia el noreste, pero en unos metros cambia de orientación y coge rumbo al noroeste. Alcanzamos la Mallata* alta (2220 m) y poco después, llegamos a un caos de piedras, fácil de superar. Varias sendas le atraviesan, pero una vez pasado, los caminos se bifurcan: una ruta sube hacia el noroeste, ascendiendo por las laderas del Pico Pondiellos hasta el cuello de Pondiellos; y otra avanza hacia el oeste, nuestra ruta, para subir al collado de Argualas (2860 m). Este collado da entrada al circo que forman los picos Argualas, Algas y Garmo Negro.



A la derecha (N), una pedrera muy inclinada culmina en la cima del Garmo Negro. La pedrera se puede encarar directamente o subir, primero, a la arista y luego recorrerla (E) hasta la cima (3066 m).

Desde la cima, la panorámica es muy amplia: hacia el noroeste destaca el Midi d'Ossau y Arriel; hacia el norte, los ibones de Pondiellos y los picos de los Infiernos, Frondiellas y Balaitus; y hacia el noreste, los picos de Vignemale, Serrato, Batanes, Bacias, Brazato, el embalse de Brazato y los baños de Panticosa.


Volvimos por el mismo camino.

* Sobre el término Mallata: Es muy frecuente en la toponimia pirinaica y significa zona de pastos o zona donde se reúne al ganado. También aparece como Mallada o como Malladeta y está relacionado con la fabla aragonesa y el catalán. El término "majada" del castellano, aunque tiene un significado parecido, tiene una etimología  diferente.

**El término Garmo es de origen celta y, curiosamente, llegó a la fabla aragonesa a través del latín. Aparece para nombrar cumbres acompañado del color de las rocas que forman la montaña ( Garmo Negro, Garmo Blanco).

Breve historia: Las primeras ascensiones a los Picos de Argualas, como se denominaban hace algunas centurias, son confusas. En el año 1791, el cartógrafo del ejército, capitán Vicente Heredia, en sus tareas para determinar la frontera entre España y Francia, holló una de las tres cimas (Argualas, Algas, Garmo Negro), pero no quedó claro cuál de ellas. Años más tarde, en 1878, el famoso pirineista, Conde Russel, sí consiguió firmar la primera invernal al Garmo Negro. Algunos historiadores del pirineismo creen que esta fue la primera ascensión al pico, porque, posiblemente, Vicente Heredia alcanzaría la cima del pico Argualas o Algas, más accesibles por la vertiente de Sallent de Gállego.


DATOS

DISTANCIA: 11 KM

DESNIVEL POSITIVO: 1436 M

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MONTE PERDIDO DESDE LA PRADERA DE ORDESA, POR GORIZ Y LA ESCUPIDERA. RUTA EN PRIMAVERA (2026) CON NIEVE (TRES JORNADAS)

 

EUSKERA

Subir a Monte Perdido desde la pradera de Ordesa por la ruta normal, pasando por el Ibón Helado y la Escupidera, no es una idea original. Quizá sea el itinerario más frecuentado para ascender a un tresmil del Pirineo. En lo que a mí respecta, contando esta última ocasión, lo he ascendido cuatro veces.

Mi interés en esta cuarta ascensión residía en alcanzar la cima en condiciones de nieve, aunque no plenamente invernales. Quiero decir que, en primavera, especialmente después de un invierno muy nivoso, las zonas altas de la montaña aún conservan buena parte de la nieve caída. Sin embargo, la dureza del invierno, el frío y el hielo no suelen ser tan intensos, aunque siempre pueden aparecer.

Mis compañeros y yo no nos equivocamos. Encontramos nieve a partir de la cota de 2.600 metros, aunque estaba algo transformada. La famosa Escupidera, escenario de varios accidentes mortales, conservaba abundante nieve, pero se encontraba en buenas condiciones para progresar. Con una huella ya abierta y muy bien trazada, además de con la prudencia siempre necesaria, conseguimos alcanzar la cima sin sobresaltos.

Tardamos tres días en completar el recorrido: el primero subimos desde la pradera hasta el refugio de Góriz; el segundo alcanzamos la cima y pernoctamos nuevamente en Góriz; y el tercero descendimos de vuelta a la pradera.

La luz y el agua fueron protagonistas destacadas de la excursión. En primavera, con el deshielo, el río Arazas lleva agua en abundancia, precipitándose en cascadas y saltos espectaculares. Espero que las fotografías y los vídeos que comparto en el blog den buena cuenta de ello, para disfrute de quienes deseen contemplarlos. Por otra parte, la luz de la tarde y la de la mañana sobre el valle de Ordesa regalan estampas que se graban en la retina y, con el paso del tiempo, en la memoria, constituyendo esa nebulosa que forma la nostalgia, la añoranza de momentos pasados.

Primer día: Partimos de la pradera de Ordesa (1.320 m) en dirección este (E) por el camino, perfectamente señalizado, hacia la Cola de Caballo y las Gradas de Soaso. Avanzamos paralelos al río Arazas, recorriendo el bosque de pinos y hayas y acercándonos a los distintos miradores para contemplar los saltos de agua que provoca el descenso del río. En unas dos horas llegamos a las Gradas de Soaso (1.700 m) (NE) y, una hora después, entramos en el circo de Soaso, donde fotografiamos la famosa cascada de la Cola de Caballo (1.800 m).

Continuamos por la derecha (E) de la cascada para superar las clavijas y cadenas de Soaso. Este paso nos permitió situarnos en la parte alta del circo (1.920 m) y tomar la senda (N) que conduce al refugio de Góriz (2.190 m).

En total, recorrimos unos 13 kilómetros y acumulamos aproximadamente 959 metros de desnivel positivo. Tardamos 4 horas y 30 minutos, incluyendo una parada de media hora para reponer fuerzas.

Segundo día: Ascendimos a Monte Perdido. Desde el refugio de Góriz (2.190 m) nos encaminamos hacia el noreste para superar la muralla inicial y situarnos en la cota de 2.350 metros. Aquí, el terreno pierde inclinación y una senda bien definida nos dirige hacia el norte. Alcanzamos un gran hito (2.500 m) que señala una bifurcación: de frente continúa la ruta normal y, a la derecha, comienza la ruta de las Escaleras.

Más adelante, entramos en la Ciudad de Piedra, un laberinto de grandes bloques donde comenzaba la nieve (2.650 m). Nos colocamos los crampones y continuamos hasta el Ibón Helado. El paso de la cadena estaba cubierto por la nieve, aunque cuando lo atravesamos comenzaba a formarse una pequeña rimaya. El Cilindro de Marboré presidía toda la ascensión, aunque solo podíamos verlo a intervalos, ya que las nubes y la niebla ocultaban las vistas. Al llegar al Ibón Helado (2.980 m), prácticamente no veíamos nada a nuestro alrededor.

A la derecha del ibón (SE) se eleva la pala final de Monte Perdido. En verano se asciende por el resalte lateral derecho, pero en primavera, con abundante nieve, resulta más cómodo progresar por el fondo de la vaguada. Fuimos ganando altura siguiendo una huella muy bien marcada hasta alcanzar la zona más expuesta de la Escupidera (3.200 m). Unos metros más arriba llegamos al collado previo a la cima, conocido como el Hombro de Monte Perdido (3.300 m). Continuando por la derecha, según el sentido de la marcha, coronamos la cima de Monte Perdido (3.355 m), que estaba cubierta por un gran montículo de nieve. Solo sobresalía la placa del hito geodésico.


Regresamos por el mismo itinerario, pero el tiempo mejoró, permitiéndonos contemplar con claridad el entorno. Lo que una hora antes eran nubes y niebla se transformó en la grandiosidad pétrea del Cilindro de Marboré, el azul del Ibón Helado, el Cuello del Cilindro y la imponente verticalidad de la pala final de Monte Perdido. Más abajo, Punta Tobacor y el valle de Ordesa nos brindaron magníficas oportunidades fotográficas. Para finalizar la jornada, cuando nos aproximábamos al refugio y mirábamos hacia el oeste, pudimos contemplar las cimas nevadas del Tallón, el Casco y la Torre de Marboré.




En esta jornada recorrimos aproximadamente 9 kilómetros y superamos unos 1.160 metros de desnivel positivo. Alcanzar la cima nos llevó unas cuatro horas, mientras que completar toda la ruta supuso unas 7 horas y 30 minutos.

Tercer día: Para concluir nuestra aventura, solo nos quedaba regresar al aparcamiento de la pradera. Lo hicimos por el mismo camino, con una excepción: en lugar de destrepar las cadenas de Soaso, tomamos el Camino de Mulas. Cuando llegamos al desvío hacia las cadenas, continuamos recto (S) hasta encontrar una senda que desciende por el circo de Soaso mediante un zig-zag


La luz de la mañana nos regaló un paisaje único que aprovechamos para fotografiar. Una de las imágenes capta el circo de Soaso con las moles de Monte Perdido y el Pico Añisclo rozando el cielo.

Durante el resto del recorrido pudimos contemplar algunos de los espectaculares saltos de agua en los que apenas nos habíamos detenido durante la subida.

En este último tramo caminamos entre 14 y 15 kilómetros, alguno más que en la ascensión, ya que el Camino de Mulas resulta ligeramente más largo.




DATOS

DISTANCIA: 33,81 KM

DESNIVEL POSITIVO: 2171M

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